Ha pasado más de un mes desde que los mineros de la mina de platino de Lonmin en Marikana, Sudáfrica, se declararan en huelga indefinida. Han sido atacados y vilipendiados, viendo cómo 34 de ellos fueron asesinados por la policía el 16 de agosto, la mayoría a sangre fría, y 270 fueran arrestados, inculpados y torturados con frecuencia durante su detención. Los dirigentes del Sindicato Nacional de Mineros (NUM), la patronal y el Estado han firmado un «acuerdo de paz» a espaldas de los mineros, a quiénes la empresa les ha venido dando repetidos ultimátums para que cesaran la huelga y volvieran al trabajo. Sin embargo, la huelga todavía continúa y los mineros mantienen su exigencia de un aumento salarial a 12.500 rands (1 dólar equivale a 8 rands). Ellos son un ejemplo de combatividad obrera y de capacidad de resistencia que se está extendiendo a otros sectores del proletariado minero de Sudáfrica.