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«Las bases han desbordado a la dirigencia» Protestas contra el gobierno se radicalizan

En las antiguas tragedias griegas, muchas veces la trama se desarrollaba en torno a las acciones de un protagonista arrogante, que piensa que lo puede todo, y que no existen consecuencias para lo que hace, pero tarde o temprano, las consecuencias llegan. Así tenemos por ejemplo a Ícaro, quien decide volar hacia el Sol con alas de cera, que terminan por derretirse cuando se acerca demasiado al ardiente astro. Esta misma arrogancia es la que las masas en Bolivia han estado viendo en los políticos a cargo del Estado, y en muchos de sus propios dirigentes. Y se les ha acabado la paciencia. 

El gobierno de Rodrigo Paz entró al gobierno prometiendo solucionar los problemas de la población boliviana y acabar con la crisis económica. Se presentó además como la opción más moderada frente a conocidos neoliberales, como Samuel Doria Medina y Tuto Quiroga, haciendo campaña con el carismático Edman Lara, quien seguro le ganó muchos votos, y representaba más fielmente el pensar de muchas personas. 

6 meses después, Lara está completamente marginalizado, la crisis económica empeora, la gasolina es más cara y de peor calidad, mientras Paz se arrima con los exponentes más extremos de la derecha a nivel nacional e internacional, incluso asistiendo a la cumbre del Escudo de las Américas convocado por Donald Trump. Y lo peor, parecía haberse armado la ilusión completamente falsa de que hacía todo eso con un mandato del pueblo. Nada podría estar más alejado de la verdad, e incluso el ciego que ocupa el palacio de gobierno debe estar despertando ante esta realidad.

En el marco de la movilización contra una Ley que amenazaba con facilitar el despojo de los pequeños campesinos y pueblos originarios en favor de los grandes terratenientes (Ley 1720), la COB convocó a un Cabildo Nacional en la ciudad del Alto para el primero de Mayo, Día Internacional del Trabajador. En este, se plantearon una serie de demandas al gobierno, que serían respaldadas por un paro nacional hasta ser atendidas.

El gobierno decidió hacer caso omiso de las exigencias de los sectores, empujando a cada vez más sectores a la lucha. El sábado 9 de mayo, en un encuentro de las élites políticas del país en Cochabamba, Paz incluso propuso realizar una “reforma parcial” de la Constitución. La CPE de 2009 es vista por muchos como una de las principales conquistas de las enormes luchas de la primera década del siglo. En el contexto actual, una propuesta tan ciega y estúpida sólo sirvió para echar más leña al fuego del descontento popular. Al mismo tiempo, algunos dirigentes intentaron llegar a un acuerdo con el gobierno para poner fin a las movilizaciones, sin que el gobierno resolviera las demandas de las bases. Frente a esto, las bases no se quedaron calladas: resolvieron desconocer a sus dirigentes y radicalizar sus demandas, dando una clara advertencia a cualquier otro dirigente sindical de lo que les espera si piensan en abandonar la lucha. 

Enfrentado a esta situación, Mario Argollo, secretario ejecutivo de la COB, se vio obligado a reconocer que “las bases han desbordado a sus dirigentes,” y que el pliego petitorio que se tenía previamente “lastimosamente ya es secundario, aquí la demanda de la población ya es una sola”. Esta demanda, adoptada por cada vez más sectores, es la renuncia del presidente.

En Bolivia, el método tradicional de conseguir sus demandas es el bloqueo, dada la histórica osificación del Estado cuando se trata de atender las reivindicaciones de las masas. Sin embargo, los dirigentes no ven el bloqueo y el paro como métodos de lucha de clases que abren el camino a la iniciativa propia de las masas, a su fortalecimiento, sino como medida de presión que pueden usar como moneda de cambio, a intercambiarse por un acuerdo de caballeros con el gobierno de turno. Mas el uso de una táctica tan militante cada vez que se tiene un desacuerdo con el gobierno siempre encierra la posibilidad de que el control se escape de las manos de los dirigentes. Eso es lo que vemos ahora.

Estamos frente a un cambio cualitativo en la situación. El fuerte sentimiento antiimperialista de las masas bolivianas los impulsa a la lucha, hay un amplio sentimiento de que la soberanía del país está en grave riesgo, y los paralelos con las guerras del agua y del gas son cada vez más notorios.

Las necesidades del capital, representadas fielmente por este gobierno, están chocando frontalmente con el deseo de los pobres y trabajadores de tener una existencia digna, y su reticencia a simplemente renunciar a lo ya conquistado.

Sin embargo, la movilización está lejos de ser absoluta. Cada vez más sectores se unen a la lucha, pero la unidad es simplemente una unidad de movilización, no es una unidad organizativa ni programática. Los sectores más avanzados exigen la renuncia del presidente, pero otros sectores todavía no sacan esa conclusión, aunque se mueven en esa dirección. Pero si esta se vuelve la reivindicación unificante, existe la pregunta fundamental: después de la renuncia de Paz, ¿qué?

No existe una respuesta a esta cuestión, en ningún sector. ¿Una continuidad de la democracia burguesa bajo Lara o con nuevas elecciones? Si la crisis continúa desarrollándose, uno de estos dos resultados es el más probable como resultado inmediato. Pero debemos advertir: el capitalismo exige recortes, y no importa quién termine en la silla presidencial, si se mantiene este sistema, los problemas de las masas no serán resueltos, todo lo contrario.

Es necesaria una solución obrera y popular para los problemas obreros y populares. En este sentido, la única organización que en este momento tendría la autoridad de plantear un camino alternativo es la COB. Pero los dirigentes de la COB no saben qué hacer. No tienen una perspectiva de cambio de sistema, ni de lucha de clases. Se ven obligados por la tradición y por la presión de masas a repetir frases radicales, rendir homenaje a las Tesis de Pulacayo o a la Asamblea Popular de 1971, pero en realidad no entienden su verdadero contenido revolucionario. 

Queda por verse cómo se desenvolverá esta lucha, y si terminará en otro acuerdo de caballeros, como con la 5503, o si la lucha de clases dará un paso hacia adelante en dirección a una confrontación abierta. Por el momento, las líneas de batalla están siendo lentamente trazadas. Mas sin un programa revolucionario que movilice a las masas, y les dé algo claro por lo que luchar, el ciclo infinito de revolución y contrarrevolución continuará. En este momento la tarea de todo revolucionario consecuente es trabajar con la mayor celeridad posible para difundir un programa revolucionario que trascienda el capitalismo, estudiar y entender la historia, para que no se repita.