En Bolivia tenemos una producción de coca que excede el consumo tradicional de aproximadamente 10 mil hectáreas, según los datos sobre consumo tradicional recientemente divulgados. El propio gobierno admite que el 59% de la coca se desvía al narcotráfico. La confianza en las posibilidades de industrialización y/o exportación de este excedente va paulatinamente agotándose con consecuencias como: distorsiones en la economía, inflación, corrupción, desmontes, deforestación y conflictos por la tierra entre indígenas y cocaleros, inseguridad etc.