
Este artículo se publicó originalmente en 2019 para marcar el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall. Reproducimos aquí la traducción al español.
Hoy se marcan 50 años desde los disturbios de Stonewall del 28 de junio de 1969, que marcaron el inicio del movimiento de derechos LGBT moderno. Siguiendo a otros eventos revolucionarios de los 1960s, los disturbios marcaron un cambio entre las personas LGBT, alejándose del activismo individualizado, a pequeña escala, y pasando a las protestas y manifestaciones masivas.
Los años que siguieron a Stonewall marcaron el inicio del Frente de Liberación Gay (GFL por sus siglas en inglés) y el primer desfile del Orgullo. Sin embargo, casi desde sus inicios, el movimiento estaba marcado por conflictos internos. Los disturbios de Stonewall y lo que les siguió contienen muchas lecciones para el movimiento LGBT hoy
Contexto
Como comunistas, estudiamos estos eventos para aprender lecciones políticas de ellos, y para comprender las limitaciones y las fortalezas del movimiento. También es necesario colocar los eventos en su contexto histórico. Hay dos contextos principales: el auge de la lucha de clase y de otros movimientos de liberación en la década de 1960; y el aislamiento histórico del movimiento LGBT del movimiento obrero.
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el movimiento obrero si adoptó la consigna de despenalizar la homosexualidad. En 1898, la petición planteada por Magnus Hirschfeld de despenalizar la homosexualidad fue apoyada por el partido Socialdemócrata en el parlamento alemán. En ese momento, el partido Socialdemócrata alemán era el partido socialista más grande en existencia. En 1921, la organización de Hirschfeld, el Instituto para Investigación Sexual, lanzó el «Congreso por la Reforma Sexual», en el cual participó un delegado de la recién fundada URSS.
Aunque la naturaleza de la homosexualidad no se entendía totalmente en esos tiempos, los comunistas estaban comprometidos con eliminar todas las formas de opresión en la sociedad burguesa. Por lo tanto, después de la Revolución Bolchevique de 1917, la Unión Soviética despenalizó la homosexualidad – décadas antes que muchos otros países en Occidente, como Gran Bretaña y los EEUU.
Sin embargo, todo esto fue eliminado cuando Stalin llegó al poder. La burocracia estalinista estaba en gran medida conformada por los apparatchiks del zarismo. Su supuesto comunismo era una delgada máscara detrás de la cual se escondían todos los prejuicios de la sociedad burguesa.
Además, durante la reconstrucción de la economía industrial, los estalinistas se basaron en la familia burguesa heterosexual como la unidad económica productora de obreros, similar a la forma de la acumulación originaria capitalista. Como tal, dieron marcha atrás a muchas de las reformas del gobierno bolchevique durante sus primeros años.
La mayoría de los partidos comunistas de la Tercera Internacional absorbieron esta actitid hacia la homosexualidad, abandonando la defensa de las minorías sexuales. Esta política explica la apatía que gran parte del movimiento obrero sentía hacia los derechos LGBT, que solo empezaría a cambiar después de 1969.
A pesar de que buena parte del movimiento obrero en los años 30 no consideró este cambio de rumbo por parte de Stalin como un problema mayor, fue sentido agudamente por trabajadores LGBT. Esto se refleja en la carta de Harry Whyte a Stalin. Como miembro del partido Comunista y hombre homosexual, estaba claramente confundido por el retroceso impulsado por Stalin, especialmente comparado con el progreso realizado por la Revolución de Octubre. Estaba impactado de ver que se había empezado a arrestar homosexuales. Escribió:
«Uno debería reconocer que la homosexualidad inerradicable existe – hasta ahora no encuentro hechos que refuten esto – y por lo tanto como consecuencia, me parece, uno debería reconocer como inevitable la existencia de esta minoría en la sociedad, sea la sociedad capitalista o incluso la socialista. En este caso, no se puede encontrar justificación alguna para declarar a estas personas criminales por sus rasgos distintivos, rasgos por cuya creación ellos no tienen ninguna medida de responsabilidad y que son incapaces de cambiar incluso si así lo quisieran.
Debajo de esta petición honesta, Stalin solo escribió un par de oraciones cortas: «Archivo. Un idiota y un degenerado. J. Stalin.»
Aislamiento
La reaccionaria recriminalización de la homosexualidad por la burocracia estalinista terminaría por aislar al emergente movimiento LGBT del resto del movimiento obrero por décadas. Los líderes de los partidos socialdemócratas y de los sindicatos tampoco hicieron nada para remediar esta situación, eligiendo subordinarse a la moral burguesa en lugar de luchar contra el prejuicio y la opresión, mostrando las limitaciones de la mezcla de reformismo y estalinismo presente en las direcciones de los sindicatos.
Bajo el McCarthyismo en los EEUU, los homosexuales fueron expulsados de sus trabajos y de sus hogares, en un periodo conocido como el «pánico lavanda». Hombres gay y lesbianas eran considerados riesgos de seguridad, y probables simpatizantes del comunismo. Las víctimas de este período no recibieron ningun apoyo de los sindicatos ni del movimiento obrero en su conjunto. Antes de 1969, los sindicatos por lo general ignoraban los problemas de la comunidad LGBT.
En este contexto de aislamiento, es incluso más impresionante que los disturbios de Stonewall impulsaran un movimiento de masas en apoyo a los derechos LGBT. Sin embargo, no es coincidencia que los eventos de Stonewall ocurrieran después de una de las décadas más políticamente turbulentas del último siglo.
Solo un año antes, en 1968, el mundo fue sacudido por oleadas revolucionarias en varios países, incluyendo Francia, Pakistan y México. A finales de los 60s también se dio la Primavera de Praga en Checoslovaquia y el auge del movimiento por los derechos civiles y contra la guerra en Vietnam en EEUU. Alrededor del mundo, existía un profundo rechazo al status quo. Como resultado, la lucha de clase volvió a estar a la orden del día, y las personas estaban aprendiendo que los movimientos de masas podían cambiar las cosas.
El ambiente revolucionario de finales de los 1960s dio antecedentes importantes a los disturbios de Stonewall. Aquellas personas en el bar probablemente se habrían levantado de todas formas, pero el resto de la gente se les unió en las calles porque estaban cansados del estado de las cosas, convirtiendo un pequeño disturbio callejero en un levantamiento masivo.
Punto de ebullición
Parcialmente debido a la separación del movimiento LGBT del movimiento obrero, los activistas LGBT se habían alejado de la política. El «movimiento homófilo», como se llamaba, quería demostrar que la homosexualidad no era una amenaza a la familia nuclear burguesa, ni a la sociedad capitalista occidental.
No obstante, en un contexto de creciente radicalización y demanda por más derechos democráticos por parte de la clase obrera a nivel global, se dieron varios avances importantes para los derechos LGBT. En Gran Bretaña, por ejemplo,la homosexualidad fue despenalizada por el gobierno laborista en 1967, dos años antes del levantamiento de Stonewall. Pero en los EEUU, la homosexualidad no fue despenalizada totalemente hasta 2013.
Sin embargo, también es importante entender que esta fue una reforma que el capitalismo fue capaz de conceder eventualmente, porque no amenazaba fundamentalmente las bases del sistema.
La legalización de la homosexualidad fue un paso importante hacia adelante. Pero para cualquiera fuera de ciertos sectores pequeños y privilegiados de la comunidad gay, todavía existían serios problemas. El peligro de perder su trabajo era aterrador para aquellos que sobrevivían de sueldo en sueldo. Poca información sobre la prevalencia de crímenes de odio fue recopilada antes de 1969, pero es fácil imaginarse que eran ocurrencias comunes.
Esto también lo sustancian los reportes de noticias. Por ejemplo, el 9 de marzo de 1969, solo un par de meses antes de Stonewall, un hombre gay llamado Howard Efland fue linchado a muerte por la policía distrital de Los Angeles. Al mismo tiempo, en Nueva York, era casi imposible ser abiertamente gay. Estaba prohibido bailar entre personas del mismo sexo, y los bares no tenían permitido servir alcohol a personas gay. Si una persona usaba menos de tres prendas correspondientes a su género asignado podía ser encarcelada. Esto, junto con el constante acoso por parte de la policía y miembros del público, hizo que ser gay muchas veces fuera peligroso o incluso mortal.
El bar de Stonewall en Nueva York era el único bar para hombres gay donde se permitía bailar. Frecuentado por todo el espectro de la comunidad LGBT, incluyendo a personas trans, drag queens, y lesbianas, su clientela central eran los hombres gay. Contrario al mito, los jóvenes indigentes no eran su clientela principal, aunque a menudo intentaban esquivar a los guardias para que otros clientes del bar les compraran unos tragos. Solo a unas pocas drag queens se les permitía entrar, pero era uno de solo dos bares en la ciudad donde se les permitía entrar en primer lugar.
Las redadas policiales a los bares gay eran frecuentes, ocurriendo alrededor de una vez al mes. Estas redadas eran completamente deshumanizantes. Las luces se encendían para que las parejas que estaban bailando supieran que debían separarse inmediatamente, para no ser pilladas en el crimen de bailar con alguien del mismo sexo. Los clientes serían puestos en fila y examinados para asegurarse de que tenían al menos tres prendas «correctas». Sin embargo, era común en la época, y la gente casi nunca protestaba – aunque el resentimiento se acumulaba. Los disturbios de Stonewall fueron el momento extraordinario en que toda esta rabia explotó.
¿Qué pasó?
La redada de la noche del 28 fue más seria de lo usual, tal vez porque la policía había decidido de una vez por todas cerrar el bar debido al chantaje hacia clientes más ricos por parte de los dueños mafiosos del local. Alrededor de 200 personas estaban en el bar, muchas de las cuales nunca habían sufrido una redada.
A medida que los clientes eran obligados a ponerse en fila, algunos, vestidos de mujer, se negaron a ir con los oficiales de policía al baño, donde serían desnudados para verificar su sexo. Una sensación de enojo e incomodidad empezó a desarrollarse, impulsada por la policía, que empezó a acosar a algunas de las lesbianas que se encontraban en el bar esa noche, tocándolas de manera inapropiada. Los hombres en la fila se negaron a identificarse cuando se les ordenó. La policía decidió empezar a arrestar a clientes.
Una muchedumbre empezó a congregarse afuera del bar. Incialmente, eran simplemente clientes que habían sido liberados sin ser arrestados, pero rápidamente creció. Peniques, y luego botellas de cerveza fueron arrojadas contra un carro de patrullas. Una lesbiana fue sacada del bar en esposas. Cuando se quejó de que estaban muy ajustadas, fue aporreada en la cabeza. Cuando la policía intentó llevársela a rastras, ella apeló a los observadores: «¿Por qué no hacen algo?» Y algo hicieron.
A estas alturas, la multitud había crecido a 500 o 600 personas. Muchas de estas no eran gay pero habían sido atraídas de otros bares en la calle por la conmoción. Habiendo participado en otras manifestaciones, muchas tenían un odio similar por la policía. Una de estas personas era el cantante Dave van Ronk, que había vivido la violencia policial durante las protestas contra la guerra en Vietnam. Posteriormente dijo: «para mí, cualquier persona que se oponga a la policía estaba del lado correcto, y por eso me quedé.»
Así, la protesta se convertió en un disturbio. El resto es historia. Enojados de que los homosexuales, gente que ellos consideraban inferior y afeminada, los habían forzado a retirarse, la policía antidisturbios entró con fuerza y despejó las calles brutalmente. Pero el siguiente día, las noticias del disturbio se difundieron, reportadas por el New York Times, el New York Post y el Daily News.
Esa noche, miles de personas se aglomeraron al frente del Stonewall Inn. Las peleas con la policía continuaron nuevamente hasta las 4 de la mañana. Esto se repitió en un tercer día de protestas.
Movimiento militante
Los disturbios de Stonewall no fueron los primeros de su tipo, pero fueron excepcionales porque involucraron a miles de personas. Duraron más de seis días, e impulsaron la formación de nuevos grupos de activismo gay.
Los historiadores burgueses y periodistas han hecho todo tipo de declaraciones para tratar de explicar por qué un grupo aparentemente tan oprimido y obediente pudo volcarse a un levantamiento de tal magnitud de manera tan abrupta. Famosamente, conectaron los disturbios con la tristeza de la comunidad gay por la muerte de Judy Garland, una afirmación que es tanto estereotípica e insultante como directamente estúpida. Como lo puso un testigo, Bob Kohler:
«Cuando la gente menciona la muerte de Judy Garland como si hubiera tenido alguna conexión con los disturbios, eso me vuelve loco… Judy Garland era el ídolo de mediana edad de los gay de clase media. Me molesta porque trivializa toda la cosa.
Los marxistas sabemos que hay una explicación mucho más simple. La gente puede ser dócil y obediente en la superficie, pero la deshumanización contínua y el maltrato solo pueden llevar a una acumulación enorme de rabia que eventualmente debe ser expresada. Y cuando esto pasa, sus resultados pueden ser volcánicos.
El Frente de Liberación Gay (GLF) fue una de las principales organizaciones formadas después de los disturbios. Muchos de aquellos que participaron en el desfile de liberación de Christopher Street estaban involucrados. Pero notablemente, gran parte de esta organización estaba compuesta por jóvenes muy militantes que habían participado en los disturbios, y también habían estado involucrados en otras luchas, como el movimiento contra la guerra en Vietnam. Esta organización era mucho más audaz que las otras que vinieron antes, usando la palabra «gay» explícitamente en su nombre. Incluso el uso de «Frente de Liberación» era una referencia a otros grupos como los Frentes de Liberación Nacional en Argelia y Vietnam.
La mayor radicalidad les quedó clara a activistas como Frank Kameny y Barbara Gittings, que habían sido muy prominentes en el movimiento homófílo. En la primera reunión del GLF a la que asistieron, un joven militante los confrontó, exigiendo conocer sus nombres y sus credenciales.
El GLF rompió con la táctica de apelar a la moralidad burguesa, apoyada por el movimiento homófilo. Admirablemente, considerando la enorme cantidad de prejuicios a los que se enfrentaban las personas LGBT, el GLF intentó acercarse a otros grupos como las Panteras Negras y los manifestantes anti-guerra. Buscaron «trabajar juntos para reestructurar la sociedad estadounidense» – un objetivo que reflejaba fielmente el ambiente revolucionario de los 60s.
Sin embargo, no había una dirección política clara para este movimiento. No sabían cómo habría de verse esta «reestructuración». Y mientras la mayoría de la dirección del GLF tenían una postura claramente anticapitalista, pocos eran comunistas o marxistas dedicados, con una comprensión de las raíces de la opresión LGBT en la sociedad burguesa.
Sin esta claridad, la organización se desmoronó debido a luchas internas, disolviéndose cuatro meses después de haberse formado debido a desacuerdos con respecto al «procedimiento operativo». Sin embargo, células del GLF siguieron dando pasos importantes hacia adelante para la comunidad LGBT. Esto incluyó organizar manifestaciones contra la terapia de electroschock y para que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría dejara de considerar la homosexualidad como una enfermedad.
Política Identitaria
La política identitaria significa rechazar la idea de que la lucha política de masas puede resolver los problemas de diferentes grupos. A menudo se basa en un malentendido sobre el origen de la opresión – por ejemplo, argumentando que es parte de la naturaleza humana que el hombre oprima a la mujer. Esto haría imposible la unificación de hombres y mujeres en la lucha por cambio político.
Como marxistas, sin embargo, sabemos que este simplemente no es el caso. Antes del surgimiento de la sociedad de clases no existe evidencia de que la opresión que vemos hoy existiera. La opresión de las mujeres y de las personas LGBT tiene su origen en la sociedad de clases.
El separatismo de un grupo contra otro no abolirá la opresión si siguen existiendo patrones y obreros en ambos bandos. Sin embargo, en los años 70 y 80, estos argumentos se hicieron muy populares, influenciando movimientos sociales que no tenían ideas socialistas claras.
El impacto negativo de la política identitaria después de Stonewall se hizo notorio. Lo que quedaba del GLF siguió escindiéndose. Agrupaciones lesbianas y de minorías étnicas, así como otros grupos como Lavender Mace, Gay News y el London Lesbian y Gay Switchboard, rápidamente se distanciaron.
Esto no fue culpa de las personas que fundaron estos grupos más pequeños. A menudo las escisiones fueron la respuesta al sexismo y al racismo dentro del movimiento, o a otros desacuerdos serios. Pero sin un objetivo claro por el cual la gente pudiera luchar, no había nada que mantuviera unido al movimiento.
Como resultado, no fue hasta el efecto unificante de la crisis del VIH que los grupos de activistas LGBT unificados y bien organizados se convirtieron en la norma. Mucho más se podría haber logrado en esa década si no hubiera sido por las pugnas internas, basadas en identidad y desacuerdos internos. La existencia de desacuerdos no era un problema, pero sin claridad política, no podían resolverse excepto con más escisiones.
Poder colectivo
«Una mujer trans negra tiró el primer ladrillo en Stonewall» es un refrán común en las narraciones de la historia de Stonewall. En realidad, nadie sabe con certeza quién tiró el primer ladrillo, aunque individuos como la lesbiana sin nombre que fue arrestada por la policía, así como activistas como Marsha P. Johnson, jugaron un papel importante en los disturbios y en el movimiento ue sigió.
SIn embargo, fue el poder colectivo de las manifestaiciones masivas y de los disturbios lo que generó un impacto, y no la identidad de quién tiró la primera piedra. De hecho, a aquellas personas que inciaron los disturbios se les unieron personas de diferentes grupos. Los historiadores burgueses a menudo ofuscan este dato importante, para en su lugar enfatizar el rol del individuo en la historia.
Los disturbios de Stonewall nos muestran los resultados que pueden ser obtenidos por los movimientos de masas. Esto debería ser reconocido como el momento clave en la lucha por los derechos LGBT. Sin embargo, el movimiento moderno debe sacar las lecciones de la escisión del GLF.
La lucha LGBT debe ser unida al movimiento obrero y tener un programa político socialista claro. El rol del estalinismo de separar el movimiento obrero de la lucha por derechos LGBT y la ausencia de una dirección política clara significaron que el movimiento no logró todo lo que podría haber conseguido.
Adicionalmente, este fue el inicio de una larga tendencia hacia la escisión por parte del movimiento por los derechos gay. Estos grupos tienden a dividirse en base a la identidad, y a menudo ven a los otros miembros de la comunidad LGBT como enemigos.
Esto se replica en el movimiento obrero hoy, por ejemplo en los debates dentro del partido laborista sobre si se pone o no a mujeres trans en sus listas de mujeres preseleccionadas. Estos debates a menudo son impulsados por un pequeño grupo de mujeres, muchas de ellas lesbianas, que basan su comprensión de la opresión en la política identitaria y el sexo biológico.
Pero este debate juega un papel reaccionario tanto en la lucha LGBT como en la lucha por la liberación de la mujer. La insistencia de las feministas radicales en el partido laborista de priorizar este debate en lugar de luchar por un gobierno laborista socialista es un error. Estos argumentos solo les servirán para alejar a la gente joven LGBT del movimiento obrero.
Si el movimiento LGBT busca poner fin a la opresión de una vez por todas – y acabar lo que los primeros pioneros de nuestra organización iniciaron – debemos tener un programa político claro. Nuestros desacuerdos y debates deben ser sobre nuestros objetivos políticos, no perderse en la política identitaria. Debemos comprender la importancia de las otras luchas revolucionarias de los 60s en la historia de Stonewall, y para que eso tenga éxito debemos continuar el legado de conectar con otros movimientos.
En último análisis, la única forma de superar toda forma de opresión es poner fin a la sociedad de clases y derrocar a los defensores de este sistema opresivo – aquellos que fomentan el prejuicio, la división y la discirminación por sus propios intereses. Eso significa unificar a todos los sectores oprimidos como partes integrales de la lucha de la clase obrera por transformar la sociedad.