La ley 1720 no es más que la legalización del despojo y saqueo de tierras por parte de quienes tienen mayor capital, atacando directamente a pequeños productores y poniendo en riesgo la soberanía alimentaria del país. Aunque se presenta como una medida para facilitar el acceso a crédito y promover el “desarrollo” productivo, en la práctica aumentará aún más la desigualdad en el campo.
Con esta ley, el campesinado es sometido totalmente a las depredaciones del capital bancario: el paso de la pequeña propiedad a la mediana significa la pérdida de toda protección contra la pérdida de tierras, que ya de por sí era insuficiente. El crédito no es neutral y el endeudamiento implica múltiples riesgos: los pequeños productores enfrentan ingresos inestables, no todos tienen acceso a respaldo técnico o financiero y en caso de no poder pagar, pueden perder su tierra. Esto genera un proceso donde quienes tienen menos son expulsados, mientras quienes tienen más capital concentran aún mayores extensiones de tierra.
La ley flexibiliza el uso de la tierra y debilita mecanismos como la Función Económico Social (FES), que garantiza que la tierra cumpla una función social y productiva. Los pequeños productores, que cumplen un rol clave en la alimentación del país, se verían desplazados, dando paso a una mayor preponderancia de la gran propiedad agroindustrial, que principalmente se dedica a los monocultivos de productos altamente rentables en el mercado mundial: la soya, la carne y la caña de azúcar.
Una mayor concentración de las tierras en manos de los grandes latifundistas implicaría la priorización de la exportación en lugar del consumo interno, se reduce la diversidad productiva y aumenta la dependencia alimentaria, llevando posiblemente a escasez, y definitivamente a un alza de los precios.
Los pequeños productores que alimentan al país son colocados por esta ley en una situación de vulnerabilidad, mientras al mismo tiempo se los pinta como irresponsables desenfrenados, cómo muestran las declaraciones de Marinkovic. Esto con el objetivo de echarles a ellos mismos la culpa de la pérdida de sus tierras, en lugar de apuntar a los verdaderos responsables. Sin embargo, ¿quiénes son los verdaderos desenfrenados? La sed de ganancias de los banqueros y latifundistas ha impulsado la destrucción de millones de hectáreas de amazonía, para dar lugar a la especulación y el monocultivo, que tras solo un par de años dejará desérticos territorios que antes eran de una fertilidad y diversidad sin paralelos. Ni hablar de los despreciables actos de la burguesía a nivel mundial desenterrados por los archivos de Epstein.
Entonces es necesario luchar contra esta ley con todos los medios a disposición, y sin tener ninguna fe en el Estado, que es el Estado de los terratenientes y capitalistas. La marcha hacia La Paz y el cabildo junto con la COB son un muy buen inicio, y toda nuestra solidaridad está con los compañeros en pie de lucha. Pero este solo es el primer paso hacia la unificación de las luchas de todos los diferentes sectores contra el enemigo común: el capitalismo. Por eso el primer paso es la derrota de esta ley, y el segundo debe ser una ofensiva contra este sistema de los ricos que nos mantiene subyugados.
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